miércoles, 26 de abril de 2017

EL PLANETA DEL SILENCIO


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El silencio no es un vaso azul,
es una entidad gris
cubierta de violetas bajo las nubes;
La voz un sueño bastardo.

Mientras Dios sueña la vida,
al silencio no se saben quien lo sueña...
quizá sea el sueño del sonido
la seda que viste su cuerpo.

Mi voz cabe en el silencio
pero no cabe en las palabras,
sabe de dónde viene
mas no sabe quien la engendra

por eso necesito escribir y callar,

y dejar que las palabras sueñen...
o vuelen.

Extraño planeta,
la casa de campaña
pronto se llena de polvo rojo,

y hormigas que son recuerdos.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

miércoles, 12 de abril de 2017

RATONCITOS CIEGOS

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Tres ratoncitos ciegos merodeaban por la celda de la hermana Sofía. Cada vez que la hermana tomaba su misal y se ponía a rezar vísperas, salían las colas largas de una rejilla en la pared. A juzgar por las apariencias, la única función de la rejilla es circular la ventilación, si no es para eso, es una rejilla inútil, casa de ratónes y otros mundos paralelos a la imaginación de la hermana Sofía, que siempre tuvo una vívida imaginación.

La hermana continúa rezando pero con el rabo del ojo, vigila cómo los ratoncitos salen uno a uno, con la sutilidad del que anda de puntillas para no hacer ruido, se siguen el uno al otro tanteando el ambiente con los bigótes. Son casi identicos en el tamaño y el color café descolorido, pero uno de los ratones tiene rota la oreja izquierda  “la derecha” se corrige la hermana Sofía, quien fue llamada por la Madre Superiora para ser amonestada por no bajar a ayudar en la preparación del merienda.

“Me quedé pasmada. Siempre me pasma la mirada de los condenados” se justifica la monja restregandose las manos con nerviosismo en el hábito negro.

- ¿Cuándo comenzó ese lío de los ratones?
- A las pocas semanas de mi traslado
  • Y ¿Antes, nunca antes, en el otro convento, nunca?
  • No, Madre...No se encuentran ratones ciegos a cada rato, ratones sí, primero en el dispensario, luego se les colocarón trampas en cada rincón, y las criaturas optaron por trasladar lo que quedaba de la manada al hueco bajo las escaleras, en poco tiempo se recuperaron en número. Por las noches se paseaban por el comedor, en la cocina, y en los botes de la basura; así subsistían. No eran gordos, pero tampoco eran ciegos.
  • ¿Cómo sabe hermana que son ciegos?
  • Los ojillos briosos tienen una velo opaco...como los pescados muertos- Describe la hermana Sofía con tono de agitación

La Madre Superiora suspira incrédula y a la vez convencida de que seguir con el cuento de los ratones, no llevará a ninguna parte.

-¡Válgame Dios!-se persigna la Madre Superiora. Hace cinco meses de su traslado, ya no debe ser novedad la habitación, así que tampoco puede seguir siendo excusa para faltar a sus labores, recuerde sus votos de obediencia.

La madre Sofía sale algo desalentada de la oficina, se dirige a su celda directamente. Al entrar a la habitación se deja inundar un instante por la luz del atardecer que entra por la pequeña ventana alta, allí se filtra la realidad del encierro con la realidad externa, una realidad inalcanzable para la hermana Sofía. Pero para las partículas de plvo que flotan ingrávidas en la luz no es imposible ser parte de otros mundos. La monja abre el cajón del buró de donde saca su misal. Entrega su voluntad a las palabras que lee, al instante escucha el rumor que proviene de la rejilla oculta en la penumbra, tras de la luz. En seguida empieza el desfile de ratoncitos. La madre escucha sin moverse y observa por encima del misal.
De pronto, el ratoncito de la oreja rota, que parece guiar al resto, se detiene con los ojos puestos en la hermana Sofía, esta coloca el misal en la cama, se levanta y sigue a los ratoncitos ciegos sin darse cuenta de sus pasos. Esa noche, los ratones desaparecieron junto con la hermana Sofía, de quien no se ha sabido nada a pesar de la ardua busqueda que el convento ordenó al siguiente día.


Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

Nota: Este cuento lo debí haber publicado en el sol de los ciegos, pero dado que ya lo subí, aquí lo dejo, espero les guste.

martes, 28 de marzo de 2017

Hide and Seek



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          Llegué al parque sin observar conscientemente una sola sensación física. Era casi el final del verano. Al cruzar el puente vi la luz de un radiante amanecer en el oriente,  y escuché el ruido de los carros abajo, frenando ante el semáforo,  pensé en un enjambre de insectos sobre la carroña. Percibí el olor a humo de los escapes mezclado con el aire húmedo por el rocío. Y otra vez el ruido del tráfico,  la corriente de un viento fuerte entre las ramas que  hojea desinteresadamente un libro. Me di cuenta de esas cosas,  pero la percepción de los sentidos no se considera como una  sensación física, o ¿si?.

          Del otro lado de los pensamientos, a la sombra espesa del bosque que he llamado por puro gusto “El Bosque de las Libélulas”  mis pasos siguen constantes en su ritmo, hoy no vi ninguna libélula. Y llegue al parque, y me senté en una mecedora que colocaron justo en mi lugar favorito; frente al lago verde azul con franjas de violeta, ese espacio abierto desde donde se ve cómo las cosas alrededor, vacían su forma en el agua ¿para conocerse un poco?  el viento forma ligeras olas  en la superficie de los árboles líquidos, las nubes....la mecedora parece moverse al compás de las micro olas. Es un día tranquilo y...de pronto me doy cuenta de que mi cerebro sabe sin que yo sepa, sabe cómo funciona o hace funcionar el cuerpo; los músculos, cada hueso, los nervios, los ojos, la lengua, la mano, las palabras y, lo sabe mejor que yo, yo no sé como funciona cada uno de ellos.
          

Entonces me entran unas ganas locas de conocer lo que soy. Me viene a la mente una frase que he visto repetidas veces “El conocimiento más difícil de adquirir, es el conocimiento de sí mismos” es cierto, hablamos del propio cerebro como si habláramos de alguien más. Para conocerse a uno mismo, habría que conocer al cerebro, pero éste, es un desalmado al que le gustan los secretos, tiene curiosidad sobre muchas cosas, y está siempre en busca de algo, pero solo él sabe lo que busca, quizá lo sepa. El caso es que desde entonces, me ha dado por espiar a mi cerebro en un interminable juego de  las escondidas, la cosa es ¿Me busca él también a mi?


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red: El Genio de Figueras

viernes, 10 de marzo de 2017

ALGUIEN PIENSA EN TI


  • Luego no digas que no pienso en ti.
  • ¿Porqué?

Mauro levanta triunfante la rejilla entera de costillas de cerdo, envueltas en plastico transparente replegado, por donde se aprecia la clara forma de cada costilla bañada en una sustancia rojiza, como enchilado.

-oh, ¡hay que prender el horno! Increpa Elba emocionada como pocas veces.
  • Sugiero que lo dejemos para otra ocasión, cuando realmente todos queramos comer eso.
  • ¿Cuándo? ¿De qué sabor estan sazonadas? Pregunta Elba sin esperar a que Mauro responda la primera pregunta. Hoy no tiene ganas de argumentar.
Mauro lee la leyenda del paquete.

  • Dice que estilo San Luis, con whisky, pimienta y especias estilo San Luis.

En su mente, Elda ya ha decidido cambiar la receta. Le agregará una salsa de barbiquiu y miel.

  • Ve si encuentras lugar en el congelador, toman mucho espacio, por eso decía...
  • Apenas caben, justo el espacio necesario, pero si decides comprar las pizzas...
  • ya, no cabe ni un alfiler más.
Elda sale de la cocina y se sienta en el sofá a esperar sin saber qué. Los niños le ofrecen una menta cubierta de chocolate.

Y también en su mente -Menos mal que alguien piensa en mí- se dice con sarcasmo, saboreando la menta que se metió entera a la boca, la palpa con la lengua sin que la menta sea más que menta y continua eludiendo la espera, concentrandose en la idea de que si en verdad Mauro hubiése comprado las costillas pensando en ella, no habría sugerido congelarlas, en lugar de encender el horno, o habría dado por hecho que ella decidiése qué hacer con todo aquello. Quizá es que él había pensado en otra Elda, la de otro momento que concordaba con las ganas de Mauro, y los demás.

  • Vaya forma de pensar en uno.

Pero como hoy no tiene ganas de argumentar, Elda permite que su silencio concuerde con el mundo. Ben y Dani juegan a corretearse por toda la casa, lo cual atrae cualquier argumentación y silencio a disciparse en el juego de la tarde, donde Elda alcanza a los niños en una explosión de risas.




Beatriz Osornio Morales

jueves, 2 de marzo de 2017

Había que pensar la niebla

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Sentir la niebla como un felino
que se mueve sigiloso en la ezquina de la casa,
gato montéz al asecho,
la tristeza de hace tiempo
aparece de estar escondida en los simientes,
para elevarse de pronto, ingrávida
hasta la pequeña esperanza, la sola esperanza
de decirte lo que esperabas,
y morir.

Gélida niebla
Su espina de humo, extasiada
se curva en el aliento de los transeúntes,
invierte la ciudad en un fantasma,
y a ti....
en una lágrima callada.



Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

viernes, 17 de febrero de 2017

Mujeres en el pasillo



Algo indeseable debe haber ocurrido. Mrs. Keener, una de las maestras de kínder  corre  por el pasillo con cara de pánico, la acompaña  su asistente, Ms Lawson.  No sé de donde  vienen pero van en dirección al salón.

 Pasan junto a mi tan a prisa que al encontrarlas no tengo tiempo de preguntar qué pasa,  ni  puedo estar segura de que me vieron siquiera.

Me quedo perpleja, la mandíbula al pecho, mirando cómo se alejan por el pasillo,   más adelante se encuentran a Ms. West, otra asistente de maestros, tampoco se detienen y pronto también aquel encuentro es  pasado, sin embargo a ella le instruye Ms. Lawson de paso sobre qué hacer con los alumnos de Mrs.Keener. –Que alguien vigile a sus niños, tengo que llevarla a su casa- grita  –Estan en el laboratorio de computación- ¿Qué paso?- inquiere Ms.West –Tengo que llevarla a su casa- repite Ms. Lawson sin detenerse. Siguen corriendo, ella sosteniendo a Mrs. Keener por el brazo derecho, y Mrs. Keener con la mirada fija en un lugar distante,  frente a algo inevitable. Ya se han perdido en la esquina.


Espero a Ms.West para ofrecer mi ayuda y de paso ver si es posible enterarse de algo, pero ella también actúa como si yo no estuviese allí. Qué raro. ¿Habré muerto sin darme cuenta? pienso inmóvil, mientras las mujeres desaparecen del pasillo como un aroma de otro tiempo.

Beatriz Osornio Morales.

sábado, 4 de febrero de 2017

METONIMIA Y SINECDOQUE




La mano pequeña 
sostiene una pluma,
el contenido de la mano
insiste en ablandar un mármol,
con ojillos desiguales
alegría triste
en la boca.

La sombra del mármol
en su dureza de pómulos fríos,
muestra vulnerabilidad
de vidas transcurridas,
más no vacías.

Hay esperanza para la pluma.


Beatriz Osornio Morales.


Como comprenderán me ha estado inquietando el tema de los muros, publiqué un pequeño razonar en aquella ventanita que espera tu vista:Pongo el enlace a continuación pero si no funciona, en la barra lateral esta abierta esta misma ventana con el título PARA EMERGER UN DIA. Gracias.



https://osorniobeatriz.wordpress.com/2017/01/29/despues-de-tantos-muros/

viernes, 27 de enero de 2017

QUEMA EL SILENCIO


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Hay vacíos que te pueden llenar,
así como hay plenitud que te vacía
al instante... el recuerdo.

Para regresar vacíos a la línea de fuego
donde el silencio quema,
servir una sinfonía de espuma
fragante, ángel mío,  mitigar la sed.
A la ciudad del tedio
entregamos una vez más,
la sed de la carne.

Todo está sin memoria
esta noche,
puedo escuchar los latidos
del corazón en la piel,
sopesar el ruido del refrigerador,
el recuerdo ausente, la secadora en el día,
la podadora del vecino a tres casas,
un tick tack sin reloj;
música, después,
el arpa en el árbol
de la noche.

El sonido es justo...
yo subo contigo
al columpio de la sangre,
cuando me besas
en silencio.

Hay vacíos que te pueden llenar,
como plenitud que te vacía...
el adiós, los adioses al instante.





Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.



lunes, 16 de enero de 2017

Órbitas


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Mi diario precisa  letras pequeñas, contenidas en las líneas rojas del cielo raso y el horizonte terrenal. Un sol incandescente irradia de algún punto invisible, esa luz rojiza delinea la hoja blanca de mi diario, marcando  ardientes espacios en ansias de ser poblados.

Las naves viajan en  trayectoria horizontal, pensando que es una ascensión su vuelo, y que tras ellas, su ala oscura ensombrece la hoja.

Así viajan los astronautas, con la esperanza de que sus signos trazados, sean la señal de regreso a la tierra.
Estas letras extraviadas en el infinito espacio de la línea, desearían caminar al comienzo de su travesía, como se instalan las palabras maceradas en la frase,  con la esperanza de retornar al principio. ¿Quién sabe si habrá otros seres orbitando el cosmos, buscando el arribo a su tierra prometida?

Quizá no seamos las únicas entidades solitarias en busca de otros, quizá no sean estas palabras, astronautas desertados de su órbita. Las palomas regresan.


B.O.M. imagen de la red.

sábado, 7 de enero de 2017

Entre el Sueño y la Muerte

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¿Es verdad que me necesitas?
La sola idea contradice  la realidad de no saber nada; yo no sé nada de ti
y tú no sabes nada de mi, creo que no, pero
¿Cómo es que veniste a decirme que me necesitas de veras?

Por primera vez en nuestras vidas te atreviste,
abandonado a mis brazos,
tu cuerpo enamorado, te sostuve de rodillas.
Preguntas porqué contesto con premura;
querido, a mí la vida me viene a prisa,
ya estuve muerta una vez y sin darme cuenta.

No quiero que otra vez llegue la hora
y tenga cuentas pendientes, aunque....
quién sabe, a la mejor no importa cuanta premura y precauciones,
cuántas preguntas se apresure uno a responder
o a preguntar, la muerte siempre llega y deja
preguntas sin respuesta.

Me adivinaste los sueños,
en la fotografía que mandaste, tú en tu rostro interno,
ese rostro diabólico y travieso que presumes.
Aun no contesto a tu correo pero sé y quiero
que sepas que te creo.
Todos tenemos un rostro interno
muchos rostros,
y tenemos también la libertad
de mostrar el que mejor nos parezca
la máscara proyectora,
para el resto,
bastará leer el movimiento de los labios.



B. O. M. imagen de la red.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Cualquier Diciembre



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Este diciembre es otro extraño que llega por primera vez como el año pasado,
con patrullas de emregencia y su tela de hielo en los patios.

Al otoño lo hechó de la casa, se ha ido a un país donde todos tienen hambre y comen rocas de peces en una lata.

¿Quiénes son todos? Todos son unos cuantos en el muro de lamentaciones, se desnudan de brazos al árbol.

La claridad parece tierna posada en la pared de las casas.

Diciembre está solo como hace once meses, solo como ayer, como cuando se marchó el otoño sin palabras. La única nota de despedida que dejo, fue la hojarasca. La leí todos los días por semanas en el patio, hasta un día que regrese a casa del trabajo y ya no había hojas. Alguien había limpiado, alguien había organizado, alguien había barrido y tirado el otoño a la basura.

Es diciembre y es indudable el invierno Es tan raro este mes, tan primitivo, qué digo...tan civilizado. Voy a salir de compras metida en mi abrigo. No me alcanzará el viento.

Espero encontrarte uno de estos diciembres para tomar café, sin prisas.



Beatriz Osornio Morales. Imagen de Joan Miró.

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